martes, enero 24

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Entrevista a Rogelio Dueñas en Palabras Urgentes

Fotografía: Eric Marváz




Una noche de luna

Para Nalleli Luna

Las brujas me besaban mientras tú cerrabas los ojos
los duendes te besaban a ti y mis ojos huían despiertos.

                                                                                                                                                        De amor bajo la luna
Marco Fonz


Una noche de luna
llovió soledad y nostalgias,
me encontré perdido
entre los intersticios del tiempo.

Tuve una insaciable sed
y ganas de difuminar
el nocturno silencio sepulcral
para reemplazarlo por tu risa.

Al encontrar tu mirada
me perdí en tus ojos
y no he vuelto a casa
desde entonces.

Esa noche, tu sonrisa
me concedió cierto tipo de fe,
ganas de festejar nuestro encuentro
una noche de luna en tu cuerpo.


Rogelio Dueñas
http://rogelioduenas.blogspot.com
Del Poemario Calibre. 38
Editorial Morvoz







Entrevista a Rogelio Dueñas en Palabras Urgentes, 5 de enero del 2012


“La inspiración la trae la musa bajo el brazo…”
“En la mayoría de los poemas de Calibre. 38 me hago el harakiri, me doy un tiro poético”
“Los poetas estamos más desesperados que la mayoría de la gente.  Nuestra desesperación es un poco menos usual, pero  más liberadora”


jueves, enero 19

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CRIMEN


Tiempo y distancia es el único enemigo precoz y obsoleto,
que no distingue realidad o esencia,
un paso que se convierte en obstáculo matizado de savia,
pero sin el candor del tacto,
un amante voyeur que complace sus estigmas mentales
con efigies de calibre descomunal,
una batalla bíblica en que ser herido del costado o hidratado con vinagre
no sublevan más que imágenes postradas en delirios casi desnudos,
casi con piel, evocando sentimientos aleatorios de pasión y esquizofrenia.
curvas que trascienden de Pompeya a Sodoma
y saltan con jaurías hambrientas de embelesos prohibidos,
de palabras vetadas y se resguardan en lo impropio de un ser beatificado,
versos empotrados que condenan al mal amante a cielo y mortaja,
otros que incitan a conocer lo cándido del Hades y lo placentero del género.
eres una infamia femenina que vuela pronto porque sabe de vuelo,
ante los ojos de Afrodita y el síncope de Eros,
Ídolos estáticos que corrompen sudarios,
desafían sacramentos y cometen el crimen de semejarse a Dios.

martes, enero 10

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Higos (Figs), D.H. Lawrence


Gastro-erotizándonos un poco...



Se reproduce con facilidad en climas templados y, aunque florece desde primavera, logra su mayor esplendor con la llegada del otoño.
A lo largo de la historia y en diferentes culturas, el higo ha sido símbolo de erotismo. En la Grecia clásica era ingrediente imprescindible de las fiestas en honor a Dioniso, dios del éxtasis y la locura; en Egipto fue uno de los alimentos predilectos de la sensualísima Cleopatra. Ambas culturas, representaban a sus dioses con collares hechos de higos.
En el hinduismo, el higo corresponde al chakra Svadhisthana o de la sexualidad y es uno de los alimentos recomendados por la dieta yóguica para curar la impotencia. Se dice que Adán y Eva utilizaban hojas de higuera para cubrir sus partes íntimas y, en el Talmud judío, es el higo (y no la manzana) la fruta que tentó a Adán en el Paraíso.
En la cultura judeocristiana, se consideraba que la imagen del fruto cortado a la mitad evocaba a los genitales femeninos, mientras que en la árabe se asociaba con el órgano masculino. Pero la esencia erótica del higo no es exclusivamente simbólica; sus inigualables propiedades nutricionales hacen de él un verdadero afrodisíaco natural.
(www. alimentos-saludables.com)


La manera socialmente correcta de comer un higo
es dividirlo en cuatro partes tomándolo por la base
y abrirlo, para que sea una brillante, rosada, húmeda,
dulce flor de cuatro pesados pétalos.
Entonces tiras la piel
que es precisamente un cáliz de cuatro pétalos,
cuando ya has sorbido la entraña con tus labios.
Y si lo haces vulgarmente,
aplicas la boca a la grieta, y sacas la carne de un mordisco.


Todo fruto tiene su secreto.
El higo es un fruto que oculta el suyo.
Cuando lo ves allí, creciendo, sientes al instante que es simbólico:
Parece macho.
Pero cuando comienzas a conocerlo mejor, decides
con los romanos:
Es hembra.
Los italianos dicen vulgarmente, que representa
lo femenino:
La grieta del higo es la fisura, la vulva,
la maravillosa y húmeda ruta hacia el centro.
Envuelto,
enrollado,
el florecimiento total hacia adentro de las fibras del útero;
y tan sólo un orificio.


El higo, la herradura, la flor de la calabaza.  Símbolos.
Había una flor que floreció  en su interior, hacia lo hondo;
y ahora hay un fruto como un útero.


Siempre ha sido un misterio
y así debe ser, la hembra debe ser siempre misteriosa.


No ostentando nunca desde lo alto, desplegando sobre una rama
como otras flores su revelación de pétalos;
duraznos irisados; el verde veneciano de los nísperos
y manzanas silvestres;
o finas copas de vino inclinando sus tallos,
cantando abiertamente al cielo:
 ¡Brindo por la espina en flor! ¡Brindo por su declaración!
Flores atrevidas, descubriéndose.
Envuelto en sí mismo, con su inalterable secreto,
la savia blanca, savia que cuaja la leche y la vuelve
ricotta
savia que huele extraña en tus dedos, tan extraña
que ni los chivos la gustarían;
envuelto en sí mismo, enclaustrado como una mujer
mahometana,
su desnudez siempre escondida, su florecimiento para
siempre oculto;
y sólo una pequeña vía de acceso, y ésta, protegida
de la luz por telas estrechas;
higo, fruto del misterio femenino, secreto e interior,
fruto mediterráneo, con tu oculta desnudez,
donde todo sucede invisiblemente, florecimiento,
y fertilización, y fructificación
en el fondo de ti mismo, que el ojo nunca verá,
hasta que finalice, y sobremadures, y revientes
            soltando tu alma.
Hasta que la gota de maduración exude,
          y el año termine.


Y entonces el higo ha guardado su secreto bastante
           tiempo.
Y explota, y ves por la fisura su color escarlata.
Y el higo perece, y el año termina.
Y de esta manera muere el higo, mostrando su carmín por la abierta grieta, por la herida
que expone su secreto a luz del día, exhibiéndose como una prostituta.
Y así es como mueren las mujeres.
El año ha caído sobremaduro,
El afío de nuestras mujeres.
El año de nuestras mujeres ha caído sobremaduro.
El secreto se ha desnudado.
Y la putrefacción comienza.
Sobremaduro ha caído el año de nuestras mujeres.
Cuando Eva supo en su mente que estaba desnuda,
tejió al instante un taparrabos de hojas de higo,
y tejió lo mismo para el hombre.
Había estado desnuda todos sus días anteriores,
pero hasta ese día -el de la manzana del
conocimiento-, el hecho no había ocupado
su mente.
Comenzó a preocuparse y rápidamente tejió hojas de higo.
Y las mujeres han tejido desde aquel día.
Pero ahora tejen para adornar el higo reventado,
            no para cubrirlo
y están más que nunca conscientes de su desnudez,
y no nos dejan olvidarla.
Ahora, el secreto
se vuelve una afirmación a través de los húmedos,
rojos labios que se ríen de la indignación del Señor.
¡Qué entonces, Buen Señor!, gritan las mujeres.
Hemos guardado nuestro secreto bastante tiempo.
Somos un higo maduro.
Estallemos en nuestra afirmación.


Ellos olvidaron que los higos maduros no pueden
guardarse.
Los higos maduros no pueden guardarse.
Los del norte, blancos como la miel; negros higos
del sur, de rojo interior.
Los higos maduros no pueden guardarse, no pueden
guardarse bajo ningún clima.
¿Qué entonces cuando las mujeres de todo el mundo
    se han reventado, se han abierto?
¿Los higos maduros pueden guardarse?


San Gervasio


D. H. Lawrence *


* David Herbert Richards Lawrence, Gran Bretaña, 1885-1930. Novelista y poeta, una de las figuras literarias más influyentes y controvertidas del siglo XX. En sus más de cuarenta libros ensalzó su visión de un ser humano completo y natural, opuesto a la artificialidad de la moderna sociedad industrial por su deshumanización de la vida y del amor. Sin embargo, sus novelas fueron malentendidas y atacadas,  incluso prohibidas, por su abierto tratamiento de los temas sexuales. 

martes, enero 3

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Pienso en algo. Arturo Texcahua Textos de los guarresco y lo arrabalesco





pienso en algo
como en copular
en cogernos con exotismo
kamasutra completo
lo prometo
entre poses de pornoestrellas obsesivas
digo

para pronto
tócamelo ya

¿qué pedo?
¿qué te traes?
¿por qué me vienes hoy con tantos recelos?
parece que tienes temor a que nos veamos como hace una semana
¿es que hoy crees estar más desnuda que antes?
para nada
cariño
tendremos coitos recurrentes e igualitos
o mejores
a los que aparecen en la hentai
y te aseguro
toma nota mi dueña
mi mami                     mi domadora
que hoy sí volamos sin angustias
apersonados en la misma feromona
corriéndonos

                                     como dice el jodido español que te pretende
en un charquito de humedades

cuando-tengo-ganas-lo-único-que-quiero-es-penetrarte-como-un-mamífero-cualquiera-que-se-desvive-sin-remordimientos-ni-castigos-ni-consideración-de-amor-ni-daño-posamatorio-por-la-cópula-primitivay-repetida

ni tos
Poncho
pasa otra cerveza
para seguir delirando
                           vivan las birrias







                           Arturo Texcahua   
                   http://trajineros.blogspot.com/   
             
                                       Textos de lo guarresco y lo arrabalesco.
                                       Editorial Morvoz - Hyperversos



                          Fotografía: Alex Zmeckye

lunes, diciembre 26

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Léeme (Marváz) Perversa-mente (Berta Tarbe)




La tarde del martes Jota quiso que me  pusiera, para salir a pasear por la ciudad, el diminuto vestido blanco que él mismo había comprado,  y por el brillo pérfido de sus ojos  supe enseguida lo que pretendía,  sin necesidad de que  dijera nada más. A mí también me  excitaba la idea,  así que busqué en el cajón de la ropa interior y elegí  una braga tipo tanga de color rojo, me coloqué el vestido y ajusté por encima un cinturón trenzado de cuero,  a la altura de las caderas.  Desabroché tres de los cuatro botones que adornaban el escote y me giré un par de veces delante de él para que diera su aprobación. Sonrió satisfecho y desabotonó el cuarto botón, dejando al descubierto una más que generosa parte de mis senos. Antes de salir por la puerta de la habitación del hotel, cogí una chaqueta larga de punto y me la colgué del bolso.

La tela era tan liviana y ligera que no había que recurrir demasiado a la imaginación para averiguar lo que había debajo.  Caminaba por la avenida sintiéndome prácticamente desnuda, con el tejido pegado al cuerpo, entremetiéndose entre mis muslos, balanceando la melena y contoneando exageradamente las caderas al andar, intentando que mis bragas rojas adquirieran vida propia para Jota, que me seguía unos pasos detrás. La suave caricia de la tela en mi piel y la presión que ejercía la minúscula tira roja en determinadas zonas de mi anatomía, iban revolucionando mi libido a cada paso. Noté que algunos hombres se giraban un tanto sorprendidos para mirarme  -“con la lujuria reflejada en sus rostros", me diría más tarde Jota-,  y aunque eso me divertía mucho hice como que las ignoraba, dirigiéndome decidida hacia la primera estación de metro que encontré, siempre seguida por él a una distancia prudencial.

El tren al que me subí iba bastante lleno, aunque no abarrotado. Escogí una esquina junto a los cristales y frente a dos hombres que se apoyaban en la barra metálica; uno era de mediana edad, regordete, bajito, de cara sudorosa y ojos tan saltones que parecía que se iban a salir de sus órbitas en un descuido para aterrizar directamente en mi escote. El otro, más joven y alto, vestía un traje de color claro y llevaba en una de sus manos un maletín de ejecutivo. Los dos me miraban atónitos y yo sabía muy bien el motivo: mis pechos generosos se movían libres bajo la tela,  al ritmo del traqueteo del tren, amenazando con escapar en cualquier momento por la abertura del vestido.

Dudé unos instantes sobre cómo empezar la función, pero en un arrebato de improvisación saqué un pañuelo de papel del bolso y comencé a limpiarme la humedad inexistente en el cuello, en el escote y entre mis senos. Lo hacía lenta y sensualmente, simulando que miraba distraída por la ventana, retirando un poco la tela para que el pañuelo pudiera llegar a lugares más escondidos y ampliar así la visión de los posibles espectadores. A mis dos primeros admiradores se fue uniendo algo más de público masculino que seguían expectantes cada uno de mis movimientos. Jota, desde el otro extremo del vagón, intentaba disimular una sonrisa. Lo siguiente que se me ocurrió fue girarme de cara al cristal, de espaldas a ellos, y obsequiarles con una visión lo más generosa posible de mi tanga y sus alrededores. Me agaché ligeramente, sin flexionar las piernas, y empecé a colocar la hebilla de mi sandalia, sujetándome con una mano de la barra y haciendo equilibrios para no caerme. Vi como varios brazos solícitos se extendían para acudir en mi auxilio en caso de necesidad. Ni yo misma conocía esa faceta mía de “provocadora de desconocidos” que formaba parte del juego de seducción a Jota, y que él, estaba segura, disfrutaba mucho. Consideré que para ser la primera vez no había estado del todo mal, aunque en una próxima ocasión debería de introducir algún otro elemento más impactante.

En la siguiente estación donde paró el tren nos invadió una avalancha de gente que me dejó arrinconada contra la pared, pero todavía podía ver a Jota reflejado en los cristales. Y él a mí. Supe enseguida que la pelvis que se fue pegando poco a poco a mi trasero pertenecía al hombre más joven, ya que identifiqué el objeto duro y rígido que me rozaba el muslo derecho como su maletín.  A los pocos segundos sentí una mano intentando recorrer con disimulo el largo de la tira posterior de mi braguita. No puedo decir que me cogiera por sorpresa, porque después de mi exhibición me esperaba algo así; intenté separarme unos centímetros, pero el obstáculo de la pared no me dio mucho margen. Cuando reemplazó la mano por su sexo, tan rígido como el maletín, consideré que el espectáculo había terminado. Me giré, le lancé una mirada asesina con el mensaje: “se ve pero no se toca”, e hice una seña a  Jota para bajarnos en la siguiente parada. Me coloqué la chaqueta larga de punto por encima del vestido –como quien baja el telón al finalizar la función - y caminamos juntos, sonrientes y excitados por el andén. "¡No sabes lo cachondo que me has puesto! Todos comiéndote con los ojos y sólo yo voy a poder hacerlo de verdad...”


El placer es mío, fragmento 
Berta Tarbe. 

Fotografía: Eric Marváz


Berta Tarbe. Ciudadana del mundo  sin demasiados antecedentes ni pretensiones en lo que a sus letras se refiere, pero acérrima defensora de las filosofías “Nunca se sabe”, “¿Por qué no?” y “No me tientes…” Aficionada a casi todo; experta en nada. Apasionada de lo absurdo. Actualmente se encuentra inmersa en la investigación sobre el modo en que  la velocidad de los neutrinos repercute e interactúa en la libido humana, más concretamente en la suya. 
Vive, unos días más que otros.
(c) 2012 Editorial Morvoz
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