miércoles, junio 20

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Revista Morvoz No. 123, año II (20-6-12)


¿Has visto orinar a tu pareja, lo has hecho encima de él o ella, la has bebido, le has...?

Niños, niñas, niños…

Al placer sexual de integrar a la orina durante el acto sexual se le conoce como ondinismo.

¿Quiere escuchar más del tema?, justo a la media noche de este miércoles 


El templo del Morvoz...


Libros de regalos, invitaciones a eventos, música y algo más...

Teléfonos en Cabina 44-23-00-93
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@morvoz

Los micrófonos de 104.5 a su disposición, avísenos y coordinamos su entrevista.

Abrazos.

Agathokles y Marváz.

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Fotografía de A. Zmeckye

Filántropo de descendencia árabe. Fotografía mujeres de vez en vez y escribe sobre ellas (cuando la suya se lo permite) algo de poesía e historias intragables por lectores avezados e inteligentes. Para no aburrirse apoya proyectos artísticos con fondo y forma. Sus malos cuentos y fotografías han aparecido en infinidad de revistas impresas y blogs de ínfima calidad, exceptuando el de Morvoz.

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AMARILLO


Después de bajar por la escalera oscura y fría, ella dobló a la izquierda, dio algunos pasos y miró hacia los dos lados, inquieta y suspicaz. Luego se bajó los calzones blancos de algodón debajo de su vestido naranja pálido y se acurrucó, resbalándose por la pared, hasta que no aguantó más y soltó el chorro de líquido amarillo caliente de entre sus piernas con alivio. 

Nunca había venido aquí antes, pero le había echado una mirada desde lejos, por encima de la barranca o desde arriba del edificio abandonado cuando pasaba por allí en su bicicleta. Era una casa a medio construir con sus paredes rasposas e inconclusas. No había techo, ni puertas, ni un aparente dueño. Por qué orinaba en este lugar que le causaba curiosidad. Un misterio. No era un perro para poner su huella. Era una mujercita curiosa y algo atrevida, nada más. 

Aunque, pensándolo bien… ¿Por qué no podría una hembra también dejar su perfume allí y marcar su terruño? Era su conquista, suyo desde que lo viera años atrás. Y hoy se había atrevido a entrar. Haría allí lo que quisiese. Sería suyo toda la vida o mientras se le antojase. Y para eso había que dejar una huella, una constancia de su pertenencia. 

Así que detuvo su chorro de orina, se quitó el calzón completamente, orinó la segunda mitad encima del mismo, mojó las paredes y los umbrales de las puertas abiertas y derruidas con él. Le agradó el acto. Era como… prehistórico. Tan poco femenino, de cierta manera, y a la vez tan igual. Tan clamar por tu terreno, tu territorio, la casa tuya y tu espacio, tu pequeño universo… 

Volvió seguido a orinarse allí y a llenar el lugar de su particular olor de mujer joven. Trajo, tras un tiempo, su colección completa de calzones, los embetunó de orina y pasó la fragancia por todas partes. Fue una labor de meses y tras ese tiempo el lugar entero olía a ella: a hormona de fémina, a orina vieja, a declaración de posesión y ansia. 

—Aquí perderé mi virginidad— pensó consigo misma—. Y aquí me tomará por sorpresa, me acariciará los senos, yo diré que no, le sonreiré y saldré corriendo—. Y luego, tras entrar a otra pieza: —Acá me tomará por la cintura, me apretará contra la pared, me introducirá la lengua entre los labios—. Y otra cosa no se podía imaginar porque más que de palabra no sabía como era el sexo. Pese a que desde los recodos insondables de su inconsciente lo empezaba a presentir, orinarlo todo, dejar ese espantoso olor dulzón por todas partes atravesando el valle con su fragancia era más que nada para llamar a los machos. Allí sería la viuda negra que devoraría a los hombres o ellos a ella si no se cuidaba. ¿Pero para qué cuidarse? Estaba en su espacio sagrado y la trampa era suya. La perforarían pensando en conquistarla, pero ella se comería sus cabezas después mientras sus ojos se caían de sus órbitas para ser pisoteados en el suelo. 

Un día, tras desnudarse, juntó mucha orina en una botella grande y se la echó encima. Se la pasó por el cabello, debajo de las axilas, entre las piernas, en la espalda, los brazos, la panza, las nalgas, el cuerpo todo. Y así, desnuda, salió en su bicicleta naranja rumbo a su pueblo. Olía impudorosamente a hembra y los hombres la siguieron. El primero que la cazó y consumió agarrada toscamente por los cabellos fue el jefe de la policía y después todos los que pudieron, el pueblo entero. Fue un secreto que nadie contó, porque era un poco atroz y perverso, pero irresistible al mismo tiempo. Todos penetraban a esa chica orinada y todos lo hacían con gusto inescrutable. Las erecciones eran legendarias. Cada uno sucumbía ante el paleolítico arrollo de los instintos primarios, instintivos, cavernarios e inmorales. Cada uno bufaba y suspiraba y salía a darse golpes en el pecho. No había uno que no se sintiera completamente revitalizado y genuinamente entendido cuando aquella chica que olía a pipí le abría las piernas. Era como volver a ser ese uno mismo que nunca se encuentra pero que, a la vez, uno nunca ha dejado de ser: irracional, estúpidamente inmediato y libre; gutural, de la tripa, de la gana, de los gruñidos. El hombre que vive dentro de uno y aún le tira lanzas a los marsupiales gigantes. 

A los mejores ella regalaba calzones usados, llenos de pis, que colgaban al aire por semanas en unos lazos hechos de alambre y que estaban descoloridos por el sol. Ellos los olían, aullaban, se golpeaban el pecho y muchas veces se los tragaban. Volvían por más, se esforzaban, cumplían y la oían gemir y maullar a grito suelto. Y se iban con un calzón de nuevo. Y volvían a tratar, a esforzarse, a gemir y bufar urgidos, a luchar por su atención. 

Ella orinaba todo lo que podía encima de sus cabezas, sus panzas y sus penes. Y los hombres le orinaban en su cara, en sus pechos, en sus nalgas, en su boca. Hasta que, un día, otra mujer, que esperaba en casa herida en su orgullo por el desinterés de su macho durante tantos meses, le pegó un balazo en la frente mientras cumplía con el rito diario de pasarse por el cuerpo un paño mojado en sus aguas. La bala hizo caer a la seductora hacia atrás y tumbó una repisa con un balde lleno de líquido amarillento en la cabeza de la asesina. 

A los hombres no les interesó quién había muerto y quién era de pronto la nueva reina. Se la cogieron de inmediato y sin misericordia y ella no se quejó jamás por la atención recuperada. Su vagina se dilató y ella tuvo a todos los que quiso mientras se humedeció con sus aguas menores. El problema fue la siguiente mujer, que a su vez la ahorcó con un alambre a traición y la arrojó barranco abajo. Y luego la siguiente, que asesinó a ésta. Y así en secuencia, hasta que ya no hubo ninguna mujer en el pueblo porque los hambrientos hombres se las hubieron echado a todas. 

Alguno buscó a una chica de otro pueblo y le pidió en un acto de perversión —a lo cual la chica asintió gustosa— que se echara medio balde de meados encima. La muchacha, enterada de las nuevas costumbres, estuvo encantada. Los hombres depravados se pelearon para montársele. Pero la mujer se murió tras ignorar los deseos de tipos que querían más perversión de lo que ella estuvo dispuesta a dar. Así que vino otra. Y otra y otra y otra. Y se orinan y son seducidas y se mueren. Una y otra vez, mujer tras mujer y pueblo tras pueblo sin que se encuentre coto que disipe ese ardor sin alivio, surcando como se halla sobre el instinto, germen de todo movimiento, cuna y savia, sangre misma de este mundo. 

Navalá Lalo Greiner

Dibujante, diseñador, fotógrafo y escritor. Trae lo visual en la médula. ¡Al escribir, incluso, trabaja con imágenes, hartas imágenes, muchas, pero muchas imágenes! Aparte de escribir como desaforado, acaba de meter a Conaculta un proyecto fotográfico para extraerle el jugo a la faceta erótica de la comunidad dark de la ciudad de México. Si lo aprueban, estará feliz por un año.  Si no, seguirá dando lata en el underground. Usted ya sabe.  

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Fotografías de Gibrán García








Gibrán García Fts

Se inició en la fotografía como ayudante y publirelacionista, consiguiendo modelos,  de un amigo fotógrafo. Con el tiempo se independizó y comenzó a prepararse por su cuenta. Debido a sus antiguas aficiones de montañismo y campista, surgió su interés por buscar espacios naturales como fondo para algunos trabajos.
Cuenta con seis exposiciones, donde ha integrado otra de sus aficiones: la guitarra, realizando proyecciones de su obra acompañada de música en vivo. Actualmente se encuentra trabajando en nuevos proyectos fotográficos y exposiciones, donde serán integrados elementos de danza inspirados en obras de literatura clásica.




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miércoles, junio 13

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Revista Morvoz No. 122, año II (13-6-12)

Queridos todos:
Ustedes saben que la situación política está que arde en el país, que si nuevos grupos, que si divisiones entre ellos, que si marchas diarias, que si manifestaciones fuera de televisa, en fin. Yo me pregunto con insistencia, de qué sirve todo si:

-          Bares y restaurantes llenos el día de ayer por el partido de El Salvador contra México, dato interesante: Población, El Salvador – 6.5 millones de habitantes, México – 140 millones de habitantes. En evidencia debería haber una mejor selección de jugadores, pero no, las televisoras aprovechan nuestra debilidad fanática por un deporte que, en nuestro país, es un auténtico desastre.
-          ¿Cuántos de los manifestantes, que se apostan fuera de televisa, llegan a su casa a ver las noticias, la telenovela, deportes, o lo que sea en su televisión?
-          No se hacen brigadas que informen a la población más vulnerable
-          La estupenda clausura de la expo de Ernesto Guzmán, y cientos de eventos culturales más, con escasa asistencia (pocos pero chingones)
-          Siguen haciendo marchas en un sistema que las conoce a la perfección, ejemplos: Les pone vigilancia para que los respeten, no les hacen caso, sirven para confrontar a la población civil, generan caos y es ganancia de pescadores
-          Sabemos que todos los candidatos tienen cola que les pisen, además de que son hijos de mala madre
-          El 132 es una etiqueta, igual que MX, Bimex, Morvoz; mexicano es una nacionalidad, ¿qué vamos a exigir?
Ya les habíamos dicho, apaguen la tele y enciendan un libro.
Hablaremos más de esto.
Por el lado de las buenas noticias, ayer mismo llegamos a los 150 ejemplares de Amorvozos vendidos, ingresamos al F. M., y siguen llegando nuevos colaboradores.
Y eso es todo.
Hagan el amor y no la guerra, forniquen y no molesten a los demás, informen y no marchen.



Éric Marváz, he dicho.

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Las vulvas son el centro del universo, de mi mundo. Inevitablemente el ojo, sin cámara o con cámara, se me va a ese lugar; nunca le hizo falta a Eva una manzana siendo propietaria del jugoso túnel. De la de Berta me gusta el vello recortado y lo ostentoso. Se alza en un gracioso montículo que no oculta nada, los labios emergen como una pequeña lengua, tanto más caliente más roja, y cuando abre las piernas… es inevitable querer meterse ahí. Ella está orgullosa de su sexo, del modo, forma, consistencia, olor, eso está muy bien: Dame una vulva y moveré el mundo. 

No sé qué nombre le daré; vagina, vulva, monte de Venus, labios menores, mayores, clítoris; caramba con los tecnicismos. 

Berta, quiero comerte el coño. 

Suena muy bien. Sabe mucho mejor.


 A. Zmeckye


Ah, una cosa más: no creo en censura alguna que no venga de nosotros mismos.






Fotografías y texto de Alex Zmeckye 

http://www.facebook.com/ligaerotica



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Rodada ciclista al desnudo (10.6.2012)

por Marváz



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El Templo del Morvoz transmitiendo el jueves y viernes al filo de la media noche.

A la voz Omar Ortiz Ruiz y Éric Marváz.

Tema de la semana: Tánatos y Eros.


Poesía, música, narrativa y los eventos más relevantes del ámbito cultural independiente.


http://es.justin.tv/relax_1045fm , o ajustando su radio en el 104.5 de su F. M.







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Otros demonios

"Has de saber, ¡oh!, Visir (¡la misericordia de Dios sea contigo!), que si deseas experimentar una cópula agradable, que proporcione igual satisfacción y placer a ambas partes, es necesario retozar con la mujer y excitarla mediante mordiscos, besos y caricias. Vuélcala sobre el lecho, unas veces sobre su espalda, otras sobre su vientre, hasta que veas que ha llegado el momento del placer. Excítala besando sus mejillas, chupando sus labios y mordisqueando sus senos. Besa su ombligo y sus muslos y apoya una mano provocativa sobre el pubis. Muerde sus brazos y no olvides ninguna parte de su cuerpo. Tómala estrechamente hasta que ella sienta tu amor, luego suspira y entrelaza tus piernas y brazos con los suyos.
Cuando veas los labios de una mujer temblar y enrojecerse, y languidecer sus ojos y hacerse sus suspiros más profundos, sabrás que desea copular. Éste es el momento para situarse entre sus muslos y penetrarla. Si has seguido mis consejos, ambos disfrutaréis de una cópula encantadora que dejará un recuerdo delicioso.
Por tanto, hombres, cuando hayáis conducido a la mujer a la condición favorable, introducid vuestro miembro, y si entonces os preocupáis por moveros de la manera adecuada, ella experimentará un placer que colmará todos sus deseos. No abandonéis todavía su pecho. Dejad que vuestros labios vaguen por sus mejillas y vuestra espada repose en su vaina. Tratad ardientemente de excitar su chupador (Nota: el texto así se refiere a la vagina) y así vuestro trabajo será dignamente coronado. Si gracias al favor del Todopoderoso, lográis el éxito, tened cuidado de no retirar vuestro miembro. Permitidle que permanezca y apure la copa del placer. Prestad atención y escuchad los suspiros y quejas y murmullos de la mujer, puesto que ellos atestiguarán la violencia del placer que le habéis procurado".


El  fragmento pertenece a "El jardín perfumado", un texto árabe del JEQUE NEFZAWI (Túnez, siglo XIV o XVI), en una traducción hecha en 1886 por Sir Richard Burton.

viernes, junio 8

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NO QUEDA MÁS AMANTE



No pude sujetarte nunca a mi obtusa manera de creer,
a veces el infierno es real y es cuando la tentación
de lejanía nos envuelve, no nos absuelve de determinantes
irrevocables, unos segundos de más causan llagas,
con caricias mal fundadas y peor cometidas,
cada martes la misma ropa, la misma sal,
la misma carne que disimula amor y luego
callado clama por su término amargo,
en amantes como yo crea el mismo impacto
meteórico un beso a un balazo en la cien o en la nuca,
las lagrimas siguen atesorando ruegos al cielo,
para poner punto oficial al destino de estar juntos,
crecer como animales salvajes y comportarnos
como infantes provocados.

En pos del pecado me atrevo a desafiarte la boca
y omitir los rezos infames, casi absurdos,
no cometas heridas de verbos que vuelven siempre,
que se burlan tan pronto son evocados,
para terminar muertos por el silencio,
ese mismo que nos ha marcado en las últimas alboradas
y no percibe que seguimos tangibles, tenemos manos
suficientes para parecer divinos, traicioneros,
nos atacamos siempre, con espadas naturales,
confiamos en la egolatría, incitamos al conflicto,
palabras como flechas sanguinarias,
ademanes con destino a amotinarse,
a hacer prevalecer la guerra lúdica.

Usamos las miradas como armas taciturnas, febriles,
parte holocausto, parte genocidio…
parte del tiempo un recuerdo borroso que sabe a hiel.

jueves, junio 7

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Revista Morvoz No. 121, año II (7-6-12)

Ventas al mail de la editorial: editorialmorvoz@gmail.com

Los Amorvozos

Presentación del libro



video


Un amplio salón blanco de grandes ventanales. Manteles largos sobre mesas adornadas oliendo a azucenas, aunque también se percibe un aroma de licor frutal y un solo de saxofón llenando el aire. Los invitados van llegando uno por uno, la belleza física es apabullante, hay letras flotando que hablan de la piel, del amor, del sexo, de lo maravillosa que es la vida. Todos charlan, se abrazan, brindan como lluvia de cristales. Eso es Amorvozos.

La concepción de esta edición es simple: convocar a una reunión de amigos. Invitar bajo la explícita mirada de este voyeur que soy. Meditando acerca de la buena disposición de los modelos, lo único que se me antoja es rendirles un homenaje; sé que conozco a los talentos adecuados, pido el favor de sus sapiencias y helo aquí: papel impreso, papel que supura, papel con temperatura, papel que habla, lame y gime. La editorial se llena de orgullo presentando un libro donde interviene talento y belleza sin igual. Todos somos particulares y únicos.

Los modelos, mujeres y hombres mexicanos, más que despojarse de sus prendas se libran de ataduras. Poseen la consciencia de que el cuerpo humano es la obra de arte más grande, pasando por encima de estéticas mercadológicas que manejan físicos hechos a través del bisturí, malos hábitos alimenticios, amén de los múltiples engaños dentro de las propias imágenes. El cuerpo en sí es hermoso, tanto mejor si se observa con calma, si se navega sobre el lunar nuevo, si se van buscando las imperfecciones. Habrá que echar mano de todo aquello que sea fetiche de nuestro deseo y convierta en único el objeto del que ama. Gracias a todos ellos, gracias de verdad.

Es entonces que la piel se vuelve inspiración. La mirada gotea tinta sobre hojas blancas, las palabras son aderezadas con lubricidad, no exenta de nostalgia, celos, suposiciones y ganas de poseer. Y ese es un trabajo de titanes. A través de una fotografía, el escritor, buscará las frases que expliquen la sicalíptica imaginación que lo atormenta, desnudará también sus deseos dejando una constancia de su paso en el planeta, dedicando sus lucubraciones a los modelos, al amor en general, a lo importante que es la pasión en el mundo. Gracias infinitas por volver la imagen palabra, por buscar un mundo cordial.

En la mejor tradición de la editorial: empapémonos de pura miel.

Seamos los nuevos amorosos.

Éric Marváz






viernes, junio 1

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GÉNESIS SEGÚN LA BOCA


Primero fueron los labios,
apóstrofes gastados que se comparan al fuego,
evocan un magma místico y transgénico,
creados de hierro y barro para ser cubiertos
con carne trémula, traidora, nacidos del culto siniestro,
amoroso, en pos de ser usados para y por el verbo,
una mutación encaminada a pecar, con la firme
convicción de hacer mortal hombre y mujer por igual,
se dividieron en 4 parte dos menores y 2 completas,
una a cada polo, con la abertura necesaria
para evocar consonantes que causaran estigmas
en sórdidos candores,
tienen infalibilidad de probar, de saber
si sal y miel encarnan en batallas rendidas,
antes que caiga la segunda noche.

Después fue la lengua,
tentáculo manantial protervo,
insólito reptil de aroma cíclico, afrodisíaco,
con intenciones candidas, devastadoras,
materia viva manipulada por el culto a Baco y Eros en par,
pasión escarlata que refiere a devorar
hiel y sangre por instinto, un molusco gustativo,
capaz de arremeter contra cualquier territorio
poroso y sugestivo sin importar si sabe a olivo o piel,
un ente desnudo que habla de Roma y de Viena,
así como del pecado y la reencarnación,
un pudor fálico que ama igual sexo y espina.

De ahí la dentadura,
porcelana carroñera y surcadora de caprichos,
míticos embelesos que tazan materia viva
hasta crear el éxtasis, guerreros implacables,
sin pies ni manos que trozan pan y dermis por canallas,
espejos desmesurados, salidos de Hades y Averno
con la fin de arrancar un corazón a cada rezo.

Fue en el cuarto día cuando la boca fue compuesta, completa,
nació el pecado original, el verbo con sujeto,
ella creo a Dios y los astros, se departió hombre y mujer
a polos opuestos con la tarea de hallarse
en el momento y acto perfecto, se forjo la primera dinastía,
nació la poesía y no había como tal un lenguaje,
todo era a base de roses, de gestos.

Las bocas un día se encontraron, entonces murió el silencio,
se atrajeron entre si, se enlazaron, nació la primera guerra,
la de lenguas y saliva, ambos salieron lujuriosamente heridos,
no importaba nada, el mundo podía hacerse polvo,
los labios no se disipaban, las lenguas no se cansaban de amar,
de matar, seguían tan unidas como amorfas,
apenas hombre y mujer tenían aire
y comieron pecados y las bocas fueron condenadas
y expulsadas, tampoco nada importaba,
eran Cronos y Gea al unísono, nacieron ojos y cuerpos
de ese Big Bang legendario, luego las bocas exploraron
lo que habían creado, las cavidades de ambos se llenaron,
embonaron oquedades, el tacto era el único Dios ateo
en el que creían, dieron paso al placer y la locura,
las bocas seguían unidas a Alfa y Omega,
a Tanatos y Bios, ahí no existía mal ni tragedia,
salió del mar Verona y París, catástrofes y galimatías nacían
en segundos, luego de sus costillas húmedas y sus sexos
ensangrentados, nacieron más bocas y más cuerpos,
a pesar de todo seguía sin importar,
concibieron entonces después de amor y humanidad,
la difícil tarea que es el acto del beso.

Texto: Agathokles
Foto: Marváz
(c) 2012 Editorial Morvoz
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